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¿Cómo medir el impacto de las iniciativas de investigación e intercambio de conocimiento sur-sur?

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Créditos de Foto: Leslie Jones

Existe un amplio consenso en que el intercambio de conocimiento sur-sur es una buena idea, pero así como genera muchos beneficios también implica muchos desafíos. Al respecto, hay abundante e interesante bibliografía, y si bien no hay una respuesta definitiva sobre la mejor receta para facilitar el intercambio sur-sur, nosotros desde el programa ELLA podemos ofrecer algunos consejos sobre cómo abordarlo de la mejor manera y defendemos este tipo de iniciativas como una buena inversión. Después de todo, eso es lo que hacemos: combinamos investigación, intercambio y aprendizaje para inspirar la formulación de políticas y prácticas de desarrollo basadas en evidencias de lo que ha funcionado en diversos contextos nacionales. Compartimos experiencias en todo el sur global.

El desafío que queremos analizar aquí es la dificultad de demostrar el impacto de estas iniciativas y qué hemos hecho para superarlo. En la primera fase de ELLA, el objetivo era facilitar a los decisores de África y Asia un mejor acceso al conocimiento sobre lo que ha funcionado, lo que no y por qué en torno a diversos temas de desarrollo en América Latina. La intención era que estos formuladores de políticas y actores del desarrollo internalicen y apliquen este conocimiento, e incorporen las evidencias y las lecciones en sus decisiones (impacto en políticas y prácticas). El conocimiento generado por el programa se difundiría de manera amplia a muchos usuarios potenciales en muchas instituciones y en muchos países. Por lo cual era necesario abordar dos temas centrales: identificar el vínculo que une la investigación y el conocimiento con las políticas y las prácticas; y cómo demostrar que ese vínculo surgió gracias a ELLA.

Para enmarcar el problema que enfrentábamos, Carden (2009) afirma lo siguiente con respecto al vínculo entre investigación y políticas: «En el mejor de los casos, la investigación es solo un elemento en el extremadamente complicado entramado de factores y fuerzas detrás de cualquier decisión gubernamental significativa relevante a las políticas. En la mayoría de los gobiernos, las políticas suelen ser el resultado de  compromisos y negociaciones, creencias y aspiraciones, fines contrapuestos y dobles significados de la toma de decisión gubernamental» (Knowledge to Policy, sección 1, capítulo 2). Y, con respecto al impacto, Morton (2015) sostiene que la dificultad para demostrar el impacto de la investigación y el conocimiento en las políticas y prácticas se debe en parte al hecho que la investigación suele tener un impacto indirecto, ya que se utiliza de manera parcial o modificada, y a que influye en el debate durante un largo periodo de tiempo, generalmente de manera iterativa.

En este complejo entorno con diferentes actores, cuestionamientos y la imposibilidad de trazar una línea directa entre la investigación y la influencia en las políticas, es difícil hacer el monitoreo y la evaluación. Sin embargo, nosotros comenzamos reflexionando sobre las mismas preguntas que se plantean los  programas de desarrollo: ¿POR QUÉ hacemos el monitoreo y la evaluación? ¿QUÉ objetivos específicos tratamos de alcanzar? ¿Con QUIÉN trabajamos? ¿CÓMO lo haremos? Para responder estas preguntas, debíamos regresar a nuestro marco lógico.

El objetivo de impacto de ELLA es reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de los pobres, principalmente en África[1], como resultado del uso de evidencias de América Latina para la formulación de políticas y prácticas. Para lograrlo, los decisores de políticas, los que influyen en las políticas y los actores del desarrollo necesitan haber visto, internalizado y aprendido de las evidencias de políticas y prácticas positivas (sobre temas seleccionados) de América Latina (y las evidencias comparativas de África). Y aquí es donde empezamos. ¿Cómo evidenciar que este proceso tiene lugar? ¿Cómo llevar la cuenta de los diferentes tipos de impacto que logramos? ¿Cómo garantizar que la investigación que desarrollamos y compartimos llega a los principales actores?

Esto definitivamente no es algo simple y fácil de lograr, pero, como profesionales convencidos del valor de las iniciativas de intercambio sur-sur, era fundamental encontrar maneras de capturar nuestro impacto y demostrar el valor de nuestras acciones.

En la primera fase de ELLA (2011-2014), teníamos una larga lista de herramientas tales como encuestas a participantes, indicadores de tráfico del sitio web y las herramientas usuales de monitoreo y evaluación. Lo innovador y más útil era registrar los «casos de impacto», lo cual se hacía a través de nuestros socios en África, quienes se encargaban de registrar todos los testimonios que podían ser útiles; buscaban activamente y registraban comentarios, citas y cualquier evidencia del impacto del conocimiento de ELLA. En sus informes, nuestros socios hacían seguimiento a los comentarios de los miembros de las Alianzas de Aprendizaje (comunidades de aprendizaje en línea, reuniones de los Grupos Nacionales de Aprendizaje y viajes de estudio) para llevar la cuenta de sus comentarios sobre cómo utilizaban el conocimiento y el aprendizaje de ELLA. Otro elemento fueron las encuestas y las entrevistas: los participantes de las Alianzas de Aprendizaje, los Grupos Nacionales de Aprendizaje y los viajes de estudio respondieron encuestas. Luego, reunimos estos casos y los revisamos uno por uno para analizar y categorizar los diferentes tipos de evidencia del impacto que había tenido el conocimiento de ELLA, lo cual nos permitió tener definiciones tangibles para construir un marco que reúna todos estos casos registrados. Asimismo, nos permitió entender las diferentes necesidades de monitoreo de cada uno de estos casos. El resultado de este análisis fueron las siguientes categorías de impacto:

  • Desarrollo individual: inspiración, una nueva visión, nuevas ideas
  • Desarrollo organizativo: realineamiento de pensamiento, políticas, estrategias y prácticas
  • El conocimiento de ELLA  usado como material de referencia: para el diseño de proyectos, para responder consultas, como material de capacitación y material para estudiantes
  • Apoyo al desarrollo de ideas y propuestas de investigación
  • Intercambio con socios y redes para el debate y el diálogo
  • Insumo para campañas de incidencia basadas en evidencias
  • Orienta el debate público de políticas públicas
  • Apoyo a la creación de nuevas alianzas y redes a nivel nacional, entre países y entre continentes

Estas categorías —si bien no son tajantes y en algunas partes se traslapan— sirvieron para ordenar y dar sentido a toda la información recogida. Luego, registramos y contamos los casos de impacto con más facilidad, lo cual nos permitió ver que ELLA sobrepasó significativamente las metas de los indicadores de su marco lógico. Este marco también nos ayudó a identificar casos interesantes, por ejemplo, que el conocimiento y el aprendizaje de ELLA ayudaron a establecer un think tank sobre industrias extractivas en África Oriental; se usaron como herramientas para un asesor del Programa Integral de Desarrollo Agrícola de África; eran insumos para el Plan de Acción contra el Cambio Climático en Kenia y para replantear la gestión de riesgos de desastres climáticos a nivel municipal en Sudáfrica. Estos, entre muchos otros, fueron los impactos de la primera fase de ELLA.

Sin embargo, el monitoreo y la evaluación están incompletos sin aprendizaje; para ELLA 2 hemos puesto en práctica muchas de las lecciones que aprendimos en la primera fase. La lista de lecciones es larga y se han hecho muchas mejoras en el programa en función de lo aprendido y lo que funcionó en la primera fase.

El objetivo del plan de monitoreo y evaluación para la segunda fase de ELLA (2014-2017) es tener una clara idea de quiénes acceden a la investigación y quiénes la discuten y utilizan. La naturaleza del programa ELLA y las actividades de difusión de investigación planificadas (alianzas de aprendizaje en línea, viajes de estudio, etc.) nos da la ventaja de poder acceder a buenos datos, no solo sobre quiénes acceden a la investigación sino también sobre el debate en torno a esta. No obstante, el mayor desafío es tratar de medir el uso de este conocimiento y hacer seguimiento a su impacto. Para lograrlo, hemos seleccionado varias herramientas que nos permitirán evaluar y monitorear este impacto. En esta ronda, utilizamos desde el inicio un registro estandarizado de difusión de investigación[2] que será manejado por nuestros centros de investigación, quienes se encargarán de registrar cualquier impacto que encuentren. Ellos harán un seguimiento a las principales actividades realizadas y registrarán comentarios, anécdotas y cualquier evidencia informal o anecdótica sobre el uso de la investigación o asesoría (y, en lo posible, quiénes estuvieron involucrados). Esto podría ser una herramienta útil que contribuya a un análisis más profundo una vez que se hayan acumulado un par de historias o que permita seguir casos particulares para un análisis en profundidad. Utilizaremos además las categorías que creamos en la primera fase de ELLA y seguiremos desarrollando la tipología de los impactos de ELLA. Asimismo, trabajaremos de manera más cercana con nuestros socios (centros de investigación) para desarrollar herramientas estándares. Los centros de investigación se encargarán de aplicar las encuestas y llevar los registros, mientras que nosotros nos encargaremos de redactar las encuestas, conseguir comentarios, analizar los resultados de las seis alianzas de aprendizaje y contratar evaluaciones de impacto para las alianzas de aprendizaje. Estamos seguros de que se generará un rico material que nos permitirá entender el impacto que ha tenido el programa y extraer interesantes lecciones para el futuro trabajo de ELLA.

Alicia Quezada, gerente de Practical Action Consulting América Latina

Andrea Baertl, asesora en difusión de investigación, Programa ELLA

[1] ELLA 1 se centró en África y Asia.

[2] Para hacerlo, nos inspiramos en el manuscrito de Hovland (2007), quien sugiere (junto con Jones, 2011) llevar registros (diarios de avance, registros de difusión, registros de impacto) para hacer un seguimiento a las respuestas directas desencadenadas por los productos de investigación.

 

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